Salí de clases y mientras esperaba para cruzar la calle justo en frente del colegio, un bus de la línea con las ruedas más altas de la ciudad, pasó a gran velocidad y me cubrió entero con una posa de agua que estaba delante de mi y que yo, el muy despistado, no vio ni menos pensó que algo así le podría ocurrir. Ante la imposibilidad de increpar al chofer por tal afrenta de forma verbal lo hice simbólicamente. Quedé todo mojado y cual guinda de la torta, me vio el Director del colegio mientras yo practicaba el lenguaje sin sonidos.
Cuando el Director notó lo que estaba haciendo dejó sus funciones y cruzó la calle para alcanzarme un consejo. Con resignación y recién bañado escuché el sermón de aquel hombre. Sin embargo sus palabras se me quedaron grabadas, quizás porque tenía la guardia baja o porque realmente eran algo bueno.
Se llamaba Raimundo, lo recuerdo con cariño, me preguntó si creía que lo que estaba haciendo era correcto y más encima con uniforme, le dije que no pero que el chofer me había empapado y por eso tenía derecho, aunque tenía la valentía del que nada tiene que perder sabía en el fondo que de esa no me salvaba.
Don Raimundo me dijo mira, llevas el uniforme del colegio, si alguien te ve y no te conoce no dirá “el Pedro hizo esto” (él se sabía el nombre de todos los alumnos) dirá “los alumnos del colegio al que perteneces se portan así.” Tú no eres solamente quien eres, sino que también representas a muchos más, por eso es muy importante lo que haces en la vida, porque te la juegas por todos quienes están contigo. Ahora ven a secarte que no te daré ningún castigo.
Yo no me la podía creer, ni siquiera una anotación. El hombre simplemente se tomó la molestia de darme un consejo y enseñarme una lección, por eso creo que el verdadero maestro no está sólo en su aula, su vida es la enseñanza, cada momento se vive para mejorar.
Por otro lado sus palabras son otra gran enseñanza, ahora las ocupo en mis clases. Ninguno puede actuar mal en su profesión, sea la que sea, aunque lo haga a título personal, cuando nos hacemos profesionales nos comprometemos con una calidad especial que nos confiere una especial dignidad, esta calidad es dada por la sociedad, por lo cual un profesional se debe a los demás. Por ejemplo, para un alumno su profesor siempre será su profesor, aunque se encuentre en la calle, años después o en otras circunstancias.
No podemos hablar mal de ningún profesional, eso nos hace hablar mal de nosotros mismos, esto no significa hacernos los desentendidos cuando se cometen irregularidades. Es importante salvaguardar los límites que definen el campo profesional y las facultades con que puede y no puede operar, de ahí que es necesario denunciar a quienes actúan de forma incompetente o fuera de orden, esto implica la existencia de un Colegio Profesional en cada área facultado para quitar la calidad conferida a quienes no estén a la altura de ella.
Ya basta de andar por los pasillos hablando mal de quienes nos rodean, el bien común se construye con identidad y participación, volvamos a escuchar a lo sabios, re – pública es la cosa pública y nace del diálogo, la sabiduría que se comparte entre dos, con responsabilidad en el ejercicio del bien podremos reconocer que hay un campo común que nos faculta de autoridad y nos exige un compromiso por los demás.









Aqui ya no vuelan plumas...
tienes que trabajar mañana...
No quiero resultar salamero ni nada por el estilo, pero lo que dices se escucha poco hoy en día. Para que decir que se publiquen cosas así en los diarios o revistas, si los personajes públicos y modelos a seguir son los chicos mekano o yingo el nuevo programa del 11.
Nos faltan lideres no porque no los haya, sino porque no les dan bola. Y los supuestos lideres son unos descerebrados que bien podrían hacer cualquier otra cosa menos que guiar a jovenes con modelos estupidos de entretención y vida light.
Mis felicitaciones y sigue escribiendo.